La imposición de aranceles que Trump pretende aplicar al comercio con la Unión Europea, pero también a otros países como China, Canadá o México, es una de esas decisiones que podría alterar el mercado de una manera tan determinante que se dejaría notar también en nuestras casas. De ahí que sea necesario preguntarnos: ¿Cómo afectan las tensiones comerciales globales a nuestra economía personal?
Y es que en un mundo cada vez más globalizado e interconectado, la economía global tiene un impacto en nuestras vidas cotidianas y en nuestras finanzas personales. El contexto geopolítico actual está marcado por una serie de eventos y tendencias que afectan tanto a los mercados financieros como a la economía real. Desde conflictos internacionales y cambios en las políticas comerciales hasta fluctuaciones en los precios. Acontecimientos globales que influyen en nuestra estabilidad económica y financiera.
Precisamente, el principal socio en exportaciones de bienes que tiene la Unión Europea es Estados Unidos. También es el segundo mayor en importaciones. Solo en 2023, el superávit comercial en bienes de la UE con Estados Unidos fue de 157.000 millones de euros, según datos de Eurostat. En el caso de los servicios, EEUU fue el mayor socio de los europeos en el año 2023. La Unión Europea, en este caso, tuvo un déficit de 109.000 millones de euros en servicios con EE.UU. en 2023.
Pero la economía global está tan interconectada que los acuerdos comerciales directos entre Europa y Norteamérica no son los únicos que pueden impactar de manera determinante en nuestros hogares.
Efectos sobre nuestro bolsillo
Si los mercados financieros globales se ven afectados por los eventos geopolíticos y económicos mencionados (crisis políticas, decisiones, guerras, etc.), estos pueden causar volatilidad en los mercados bursátiles y de divisas. Es decir, pueden acabar afectando a nuestras inversiones (acciones, bonos, fondos o incluso nuestras pensiones).
En el caso de que cambien las políticas monetarias adoptadas por los bancos centrales, el impacto que podemos llegar a sufrir puede encarecer los préstamos y las hipotecas. Es decir, que una decisión tomada a kilómetros de distancia de nuestro hogar puede complicar nuestra compra de viviendas, coches o incluso el futuro educativo de nuestros hijos. Aunque unas nuevas tasas de interés, más bajas que las anteriores, pueden estimular el endeudamiento y el consumo, aunque reduzcan los rendimientos de nuestras inversiones en cuentas de ahorro y depósitos a plazo fijo.
La inflación también puede repercutir sobre nuestro poder adquisitivo: la moneda que usamos puede ver reducido su poder y la consecuencia más directa sería la de necesitar más dinero para comprar los mismos bienes y servicios. Un efecto dominó podría también producirse, ya que nuestros ahorros y nuestro nivel de vida podrían verse alterados
Por último, los efectos negativos de los grandes episodios de la geopolítica también pueden verse en aumento de desempleo o de la precariedad laboral. En numerosas ocasiones, una guerra ha desatado una ola de despidos o cierres de empresas, lo que supone pérdida de ingresos, dificultad para tratar de pagar costes, etc.
Así pues, la subida de precios, que se sumará a la inflación que ha generado el contexto geopolítico de los últimos años (especialmente la guerra en Ucrania), será el efecto más palpable que llegue hasta el consumidor. Desde el World Economic Forum se proponen diferentes acciones para intentar minimizar el impacto de las confrontaciones del actual mundo global en el que nos movemos.
En cualquier caso, tanta incertidumbre económica, provocada por vaivenes políticos, también puede disminuir la confianza del consumidor, que actuará con recelo y reduzca su gasto, lo que nunca es un buen síntoma para el buen funcionamiento de cualquier economía.
El riesgo del proteccionismo
En cualquier caso, las tensiones comerciales globales parecen generar una deriva hacia el proteccionismo de cada país o, en el caso de los aranceles y Trump, de la Unión Europea. Y esa estrategia también puede alcanzar a nuestra economía personal, puesto que puede limitar la capacidad de innovación y la competitividad de algunos sectores, limitar la disponibilidad de determinados productos extranjeros y alterar los costes de producción. En última instancia, una guerra comercial en la que cada parte imponga aranceles en respuesta al ataque del contrario sería un contexto muy negativo, tanto para los mercados como, de manera directa, para las compañías internacionales.
La Unión Europea, no obstante, está valorando ya las oportunidades que pueden derivarse de esta situación: las relaciones comerciales directas con otros países pueden salir fortalecidas, al consolidar acuerdos que ya están vigentes. Ese camino abierto puede facilitar que, en este contexto de cambio de dirección comercial con Estados Unidos, se diversifiquen las exportaciones y las importaciones.
Mientras tanto, la UE puede defenderse de los aranceles estadounidenses con herramientas como una respuesta arancelaria similar; una denuncia ante la Organización Mundial del Comercio por la vulneración de la legislación comercial internacional, que podría ordenar la aplicación de compensaciones; o incluso la activación de sus instrumentos contra la coerción, en caso de que falle la negociación.
Por su parte, las empresas españolas y europeas pueden derivar sus estrategias hacia un refuerzo de la producción y los suministros nacionales y comunitarios, especialmente en sectores que se consideren estratégicos. Si todo lo que afecta a las empresas españolas termina alcanzando a nuestros bolsillos, en nuestras condiciones de consumidores finales, pero también desde el punto de vista del empleo o la inflación, es recomendable estar preparados para cualquier vaivén político y tener clara una estrategia para no ver perjudicadas nuestras finanzas.
Puntos clave:
Los conflictos internacionales o los cambios en las políticas comerciales pueden llegar a influir en nuestra estabilidad económica y financiera
Una decisión tomada a kilómetros de distancia de nuestro hogar puede complicar nuestra compra de viviendas, coches o el futuro de la educación de nuestros hijos
Tanta incertidumbre económica puede disminuir la confianza del consumidor, lo que nunca es un buen síntoma para el funcionamiento sano de cualquier economía.
Las empresas españolas pueden derivar sus estrategias hacia un refuerzo de la producción y los suministros nacionales y comunitarios, especialmente en sectores que se consideren estratégicos